Una vivienda autosuficiente es aquella que no depende de las compañías eléctricas, sin facturas de agua ni luz. Tienen un mínimo consumo energético o goza de total independencia energética.
La casa obtiene la energía de fuentes renovables, tiene sistemas de energía fotovoltaica, solar térmica y geotérmica. Pero tan importantes son las fuentes de energía renovables como tener un aislamiento perfecto y una orientación estudiada al milímetro. Teniendo en cuenta las sinergias del entorno donde se ubica la casa, se puede aprovechar al máximo la energía de la propia naturaleza.
Hay que tener en cuenta en este tipo de viviendas dos características muy importantes de estas casas:
1º- El aire circula y se renueva en su interior gracias a un pozo canadiense: una instalación que hace pasar el aire del exterior por debajo de la tierra para hacer que entre al interior de la casa a la misma temperatura que hay. A su vez, permite que salga el aire renovándolo sin perder energía. De este modo la casa está fresca en verano y cálida en invierno.
2º- Una red de recogida y tratamiento de aguas pluviales y grises, abastece dos depósitos que permiten aprovechar el agua para llenar las cisternas de los inodoros y regar las zonas verdes y un pequeño invernadero que tiene la vivienda.
Cuando la renovación del aire del pozo canadiense no es suficiente para aclimatar la vivienda, se recoge la energía de la instalación solar térmica y de una bomba de calor geotérmica, logrando una temperatura confortable todo el año.
No se puede decir una cifra para la construcción de este tipo de viviendas, puesto que cada casa autosuficiente es un proyecto que se diseña en función del cliente y de las necesidades del entorno.
La gente tiene que empezar a valorar este tipo de inversiones para su vivienda, ya que se suele amortizar en 8 o 10 años, con lo que te ahorras en pagar a las compañías durante todos los años que vivas en una casa convencional.


